lunes, 18 de mayo de 2015

Entre lo Abyecto y lo sagrado


                                                                                                          






Este proyecto  se desarrolla al  contratar 30 mujeres recolectoras agrícolas las cuales vestiré con  blusas, estas con la imagen impresa de los pechos de una mujer migrante prostituta,  de esta forma ataviadas ellas recolectaran dentro de un campo de algodón durante una jornada de trabajo completa la cosecha habitual y con este producto dentro de una exhibición donde expondré el análisis reflexivo  de este proceso, voy a rellenar con el algodón obtenido una copia de mi propio cuerpo que será hueca y traslucida.
                                                                        
El proyecto puede tocar muchas vertientes simbólicas los cuales tendré que disfrutar integrando, pero al final siempre es  el cuerpo, sus usos y significados dentro del medio social y sus derivaciones psíquicas, son el objeto principal  de estudio de esta pieza. Si bien el resultado de mis procesos en el pasado se  podrían resumir  como piezas tridimensionales y performativas con mi propio cuerpo, dirigidas por una pulsión personal como es el busto autorretrato  hecho con mi propia grasa obtenida de una liposucción a la que fui sometido la cual expuse en el museo del chopo o el torso de una japonesa hecho con grasa humana encapsulada en cera de abeja  y una hostia católica de oro solido (seleccionado en arte joven 2012). 



También busco la información que esta genera en la sociedad. Hablar de esta fijación personal y humana sobre  la construcción corpórea  y el impacto de este en el medio que habita con su implicación psicológica. Es decir los cuestionamientos morales que despiertan las acciones que me inspiran, en este caso el del uso de la corporeidad como intercambio para lograr un objetivo primero monetario y luego el segundo, ese tránsito a la beatificación del acto por el acto mismo que busca transmutar un estado económico infortunado por uno mejor y la de redimir al pecador salvador de su pobreza y el de los suyos, ser buenas porque pagan la culpa del pecado al compartir el misero botín de la renta de sus carnes.


                                          (Foto maniulada de la original para el proyecto)

La prostitución, es el verbo transitivo del pecado porque requiere más de un argumento para explicarlo, un trabajo físico remunerado, emociones que confrontan justificadamente el  pecado,  directamente el  hastió, indiscutiblemente la sumisión,  pero simbólicamente ¿qué puedo generar a través de mi pieza? En este caso mi pretensión va más allá de un proceso artístico,  mi interés simbólico al rellenar el cuerpo expuesto de un hombre dialoga con la alquímia y la oportunidad de dialogar con una metástasis metaforica del pecado, trasladando del cuerpo del delito el de la mujer en este caso al de la reproducción del cuerpo de este hombre desnudo en forma de exvoto.
Esta escultura con la forma de mi corporeidad,  retoma el ideal cristico de tomar el pecado del mundo en este caso del acto  impuro de la mujer de oficio prostituta y en una analogía de la misma inseminación con la que reflejo el trabajo de la sexoservidora, que presta su cuerpo y recolecta de alguna forma semilla humana, semen, el mismo acto de contener a través  del accion de inseminación, repito, en este espejo reflejadas con semillas de algodón recolectadas por mujeres remuneradas. 

                                                          


Con esto proceso mi mejor crítica seria la que sensibiliza al espectador, ¿es este acto que pone en renta el uso del cuerpo realmente tan pecaminoso y doloso moralmente?  ¿es un delito su practica desde la postura femenina? ¿Porque?  ¿es justo?  ¿Es bueno ? ¿es malo? ¿Cuáles son las diferencias entre una mujer en el campo y otra en las ciudades obligada a la migración y rentar su cuerpo? A permitir ser intervenido y manipulada su corporeidad al servicio del placer ajeno ¿logra justificarlo? Al final solo la interacción con la pieza ira respondiendo individualmente y elaborando nuevas preguntas.  Quizás como una derivación de mi cosmogonía personal la pieza termina aproximándose íntegramente  al manifesto  a la iconografía católica, el cuerpo expuesto de un hombre semidesnudo quizás como el cristo que absorbe los pecados inferidos  buscando el perdón de este sobre la el acto obtenido, es por eso que este producto, blanco, absorbente, el producto ideal para mi pieza, el algodón puro, que limpia las heridas, de sus interrogantes dentro de todo este cuerpo exhudado por el algodón recolectado por mujeres trabajadoras contratadas para ser vestidas con estas prendas y el origen de la imagen misma, el de una prostituta migrante de escasos recursos,  y en este caso de origen africano.


Conformando en este orden una piezas donde la determinada línea técnica y su dialogo con los materiales indisociables y ordenados psicomagicamente, su simbología en espacio y tiempo dotando de materiales suficientes para diseminar el mensaje que poseen mis piezas,  creando todo tipo de cuestionamientos y nutriéndola de vertientes llenas de respuestas duales alrededor del cuerpo y sus usos, lo moral, lo inmoral, sus justificaciones y una nueva  red de transmutaciones ideológicas que podría quizás producir en quien logre sentirla.  Muy por encima de los alcances que yo logre vislumbrar con mis propias respuestas, quizás la única y la definitiva, es la respuesta personal que logre satisfacer a cada uno de los espectadores.       






                                            


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