jueves, 25 de septiembre de 2014

                                     El héroe enjuiciado 

ego 
m. psicol. El yo individual, considerado en su aspecto consciente. Se ocupa de la realización de las  actividades psíquicas del control de los impulsos del ello para adecuarlos a las posibilidades de la realidad externa.

La realidad externa a la mente, es un paisaje, son los espacios y tiempos fragmentados que construyen esos escenarios donde el ego se mueve y vive, crece y se desarrolla, el YO existe en esa realidad cuando soy observado, cuando participo en el colectivo interactuando con la conciencia o inconsciencia colectiva, sin importar si estoy de acuerdo o no la interacción, el ego existe por que interactuo.  

Esa interacción crea un personaje con una personalidad multifacética, con valores y moral entendida desde la apreciación externa; digamos es externa por que el ego lo deja de definir el ser personal, el yo mismo lo crea, el exterior lo define, lo describe, lo interpreta, lo impulsa o lo limita, lo proyecta o encasilla, son los otros egos lo observadores que pueden describirle, uno mismo esta incapacitado, por que el ego es lo de afuera y la conciencia del ser abita dentro de uno.

Es esa imagen la que busco encontrar en mis autorretratos, es ver frente a frente ese héroe-villano, puesto que el ser interior siempre buscara el bienestar personal, psíquico o físico y el ego sera pues el actor exterior de esta búsqueda, sin importar si este personaje vive un camino exterior con reflejos múltiples, auto-destructivos, magníficos, malignos, dignos o indignos dentro de la moral colectiva, el interior busca el bienestar interno, el ego es el conductor que improvisa la ruta para llegar a ese estado,.. y su camino también es parte del ego, digamos es como un arcoiris desde el principio del camino al final el ego es TODO ese viaje.

Entonces el ego es para el ser interior durante mucho momentos un Héroe que logra llevarnos hasta ese estado físico donde nuestra psique se encuentre en el estado querido.

Ese héroe herido, hambriento de los placeres de la victoria, enviciado muchas veces por esa energía.



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